Por Equipo de redacción de Acuario Dr.Pez

 

Muchos conocemos la mayoría de las pesadillas recurrentes del acuarismo. El acuario que se raja, la mudanza con todas las leyes de Murphy en activo, ese bricolaje en el que las leyes físicas se alían contra nuestra integridad física...

Pero amigos, permítanme que les presente cual es la mayor pesadilla posible para un acuarista. Un sin vivir continuo que pone a prueba los nervios y el temple, más que plantar glossostigma con guantes de boxeo o descascarillar artemias con un pela patatas.

Se trata, compañeros, de ser a la vez acuarista y dependiente, o dependienta como es mi caso. Sí, yo soy mi propia némesis; amo la afición y a la vez pertenezco a esa ralea tantas veces vilipendiada que son los dependientes. Apenas puedo mirarme al espejo cada mañana, porque pertenezco al terrible gremio de.... "Los Vendedores" (léase con música siniestra). Ríos y ríos de tinta se han vertido al respecto de los dependientes que no respetan la afición, pero, ¿qué sucede cuando se invierten los papeles?.

- Hola buenos días. Dame un bote de anti bacterias para los cambios de agua.

Eso, a primera hora de la mañana, te da ganas de darle al muchacho una botella de Fairy para que deje el acuario reluciente. Al final lo atribuyes a un pequeño error sintáctico y le das el bote de las bacterias dichosas.

- Y una carga de amoniaco para el filtro.

Y aquí empieza el mosqueo:

- A ver... querrás decir una carga anti-amoniaco.
- No, de a-mo-ni-a-co. ¿Para que quiero quitarle el amoniaco al acuario?.
- Para que no se mueran los peces, por ejemplo. Lo que es amoniaco para acuarios, ni lo tenemos ni lo vamos a tener, espero, jeje.
- Bueno.... ¿Pero me lo puedes pedir?.


Ahí es cuando llegas a la conclusión de que aún existe un sector de la población menor de 30 años que nunca ha tenido acceso a internet. Al final de una larga perorata sobre el ciclo del nitrógeno, el joven acuarista de pro sale escamado del establecimiento mirando de reojo a la inexperta dependienta, mientras esta ruega que nunca descubra la existencia de la droguería de la esquina.

Yo creo que debí perderme algún cursillo de dependientas donde se explicara eso de que el cliente siempre tiene la razón. En cambio, todos mis clientes han asistido a esa lección y hasta se han examinado con nota.

- Dame el guppy ese de la cola amarilla y diez neones. Que vaya ruina de peces, es que no duran nada, ¿verdad?.
- Bueno, es que neones y guppys no son la mejor combinación. Yo le animaría a intentarlo con otra clase de peces.
- Oye, que yo siempre los he tenido juntos y me ha ido muy bien.


Por supuesto señor. Como no, señor. Lo que usted diga. ¿Le guardo los diez neones de rigor para la semana que viene?.

Recitar el ciclo del nitrógeno en 15 segundos, para convencer a los amantes de lo limpio de que las bacterias son buenas. Pelear con mezclapeces obstinados. Convencer de que las plantas acuáticas no ensucian el agua. En definitiva, luchar contra los molinos de viento a la espera de que llegue mi alma gemela y me pida seis corydoras en lugar de un basurero. Y hablando de molinos de viento, ninguno peor que los de la Factoría de los Sueños.

- ¡Papá, mira, tienen un Nemo!.

Mientras escucho esa frase por enésima vez, me pregunto mentalmente si habré ganado mi puja en E-Bay por la figurita de cera con el mechón de pelo de Walt Disney, gran hazaña mental porque a la vez tengo que impedir que los niños reclamen la atención de "Nemo" a golpes contra el cristal mientras reprimo mis instintos de Herodes.

- No pueden llevarse al Nem.... eh, pez payaso. Es de agua salada y los peces que ustedes tienen son de agua dulce.
- Bueno, pues le echamos sal. ¿Eh niños? ¿Compramos un Nemo? ¿Cuál es la sal que vale para los acuarios, hay una especial?.
- Euh..... Es algo más complicado que echar sal, de todas formas sus peces se morirán si echa sal al acuario.
- ¿Y si le echamos la mitad de sal?.


Y es que hay preguntas cuya única respuesta es agarrar una pelotita anti-stress y apretarla rápidamente.... Si la pelotita tiene la forma de Nemo, mucho más efectiva.

- ¿Entonces, si meto un carpín en una bola de cuatro litros dices que se muere enseguida? ¿Pero cuántos días dura, tres, cuatro? ¿Y si lo pongo en una de ocho vive el doble?.

En el fondo soy comprensiva, esas no son más que preguntas lógicas en unos padres que quieren lo mejor para sus hijos. ¡A ver si va a morir el pececito antes de que la pokemonizada mentecilla de sus retoños se olvide de su existencia! Aunque a veces dichas preguntas dan que pensar si están realmente pensando en sus hijos, en ellos mismos, o en si se han equivocado de establecimiento mientras buscaban la tienda de peluches.

- A ver, quiero un animalito para mis hijos... Que puedan jugar con él pero no muerda, que no se escape, y que no se haga pis y caca por ahí... que no suelte pelo y no huela mucho, y que pueda vivir suelto por casa, o en una jaula más o menos... -separando las manos a dos palmos de distancia-así de grande...

Quimeras y gamusinos por el pasillo de la derecha, señora.

Y volviendo a la acuariofilia, una de las misiones que deberían aparecer en el hipotético juramento hipocrático de los dependientes es el de asesorar a cada cliente para que compre únicamente aquellos peces que es capaz de mantener correctamente. Sin embargo muchas veces los astros y las severas deficiencias auditivas se combinan en contra de tal elevado valor.

- ¿Cuáles son los peces de agua fría?.
- Todos los de la parte de abajo.
- ¿Y estos azules, se pueden poner en agua fría?.
- No, señor, sólo los de abajo.
- ¿Y este de la cola larga, lo puedo meter en agua fría?.
- No caballero, solamente los de la parte de abajo.
- ¿Y estos de colores, no son de agua fría?.
- Lo siento señor, sólo los de abajo.
- ¿Y entonces cuales son los de agua fría?.


En definitiva, este es el día a día de una dependienta-acuariófila. Seguro que muchos de los que leen estas líneas han pensado alguna vez en montar su propio negocio, o de iniciarse tímidamente en el gremio trabajando en alguna tienda de acuarismo. En nuestra imaginación somos el mejor amigo del acuarista, aquel profesional serio y sensato que sacrifica una venta por un buen consejo, que ofrece su ayuda incondicional y sabios y sanos remedios a nuestros problemas, que exhibe en sus urnas esas especies atractivas y maravillosas que son las pequeñas mecas personales de todo aficionado. Cualquier acuariófilo que se precie ha barajado esta pequeña fantasía en su cabeza, o ha pensado por lo menos si existirá esa tienda de sus sueños, inaugurada por otro aficionado sensato como él.

Yo me hice dependienta con ese noble propósito; y ahora, lo que pregunto, es; si yo soy la dependienta de vuestros sueños, ¿dónde están los clientes de MIS sueños?.

 

Texto y dibujos, Equipo de redacción de Acuario Dr.Pez


Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2007. España