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El Planorbis corneus es un pequeño caracol dulceacuícola de no más de 2 centímetros de tamaño. Originario de Europa central y Asia, en la actualidad se distribuye por todas las zonas de clima tropical del mundo.

Dos Planorbis corneus de la variedad azul junto a una de sus puestas.
De cuerpo aplanado y discoidal, podemos encontrarnos con una gran variedad cromática que crece día a día, y que hace las delicias de todos los aficionados a los invertebrados de agua dulce. La variedad más común en los acuarios es la salvaje, con concha de color marrón y cuerpo oscuro; sin embargo cada vez son más comunes las variedades roja, rosa y azul que muchos ya mantienen en sus acuarios.


Arriba un ejemplar totalmente adulto de P. corneus var. Azul, debajo dos crías de Neocardina heteropoda y un Melanoides tuberculata. A la derecha dos individuos juveniles de la variedad dorada.
Además del color de la concha, en su color final influye también el color del cuerpo, y el de su manto, muchos hemos observado sobre todo en la variedad salvaje, pequeñas motas, lo que se ha venido a llamar variedad moteada o leopard. Suele ser más visible en caracoles juveniles, dado que no es más que una pigmentación "diferencial" en su manto, es más difícil de observar en los caracoles adultos debido al engrosamiento de su concha.

Ejemplares jovenes de P. corneus de la variedad salvaje.
En realidad, hasta hace bien poco era una de las especies poco conocidas de caracoles de agua dulce, su mala fama, debido a que algunos casos era introducido en el acuario junto con las plantas, ha sido durante mucho tiempo la razón de que no se le prestara la debida atención a este bello e interesante caracol. Al contrario de lo que pueda pensarse, no se come las plantas, su rádula en todo caso sólo le permite "roer" las hojas que ya están deterioradas, por lo que se puede mantener sin ningún problema en acuario plantados.
Por el contrario, es un excelente comedor de algas, lo que lo hace un estupendo candidato para habitar en nuestros acuarios y añade "funcionalidad" a esta especie. Muchos usuarios optan por esta especie para mantener en sus gambarios o acuarios, al ser de menor tamaño que el conocido caracol manzana es una buena alternativa para acuarios de dimensiones reducidas.

Detalle de un acuario de 54 l. específico de invertebrados poblado por caracoles (Planorbis corneus, Melanoides tuberculata y Physa sp.) y gambas (Neocaridina heteropoda y Caridina cf. Breviata "Hummel".
No tiene grandes requerimientos en cuanto a mantenimiento, puede vivir en un amplio rango de temperaturas, teniendo su óptimo entre 20 y 26º C, incluso puede ser mantenido en estanques en el exterior. No obstante no deben ser mantenidos en aguas ácidas ya que su concha tenderá a disolverse con el tiempo dando lugar a descalcificaciones y en casos más severos produciendo la muerte. Aguas ligeramente alcalinas son aptas para su mantenimiento, pudiendo en el caso de que sea necesario, añadir algunas conchas trituradas o un hueso de sepia. Éstas al disolverse de forma paulatina funcionarán como una fuente constante de carbonatos, que los caracoles podrán usar para mantener su concha en perfecto estado. Dado que tienen una tasa de reproducción alta y que pueden aumentar su población en poco tiempo, es conveniente medir periódicamente la dureza del agua para asegurarnos que los niveles son los adecuados.

Caracol con daños en la concha, estás marcas pueden aparecer también en ejemplares de edad avanzada.
La alimentación tampoco supone un problema para esta especie, además de devorar las algas que puedan encontrar en el acuario consumirá cualquier alimento comercial que le facilitemos, hojuelas, pastillas de fondo, sticks, etc... Y como sucede con los caracoles manzana también aceptará de buen grado vegetales cocidos como zanahoria, pepino o calabacín. Es también carroñero, por lo que si algún otro habitante del acuario muere, no dudará en comérselo.

P. Corneus de la variedad dorada comiéndose un stick de espirulina, a su lado un alevín de Lamprologus signatus.
Su reproducción es extremadamente sencilla, son hermafroditas, por lo que basta con tener dos caracoles en el acuario para conseguir reproducirlos. Una buena alimentación, con pastillas de fondo, espirulina, verduras cocidas, etc. ayuda a que realicen puestas de forma continua. El número de huevos por puesta puede oscilar desde unos pocos hasta una treintena de huevos, dependiendo en gran medida del tamaño del caracol. Las puestas se realizan prácticamente sobre cualquier superficie, aunque suelen preferir las hojas de las plantas y los vidrios del acuario, como anécdota contar que incluso pueden poner en la concha de otro planorbis, que portará los huevos hasta que eclosionen y salgan los pequeños caracolillos.

Dos puestas en distinto estado de desarrollo, la de la izquierda realizada como mucho 2 días antes, en la derecha ya se pueden apreciar los pequeños caracolillos.
El tiempo de incubación variará en función de la temperatura, acortándose en acuarios con una temperatura mayor. No suele alargarse más de tres semanas en acuarios que ronden los 25º C. Los pequeños caracolillos nacen con una forma ligeramente cúbica, lo que en ocasiones puede llevar a error a la hora de su identificación. Es habitual introducir puestas de esta especie con nuevas plantas, y por tanto no observar su estado adulto sino sus primeras fases de desarrollo. Si no se conoce la especie, la ausencia de esa típica forma discoidal en las crías puede llevar a pensar que se trata de otra especie. Según van creciendo irán adoptando la característica forma aplanada de los adultos. Tras la eclosión comenzarán a vagar por el acuario en busca de comida.

Foto realizada en el momento de la eclosión, la puesta esta recubierta de una envuelta gelatinosa que la mantiene unida entre si y a la superficie en la que se encuentra, al eclosionar los caracoles rompen esta envuelta y comienzan a buscar alimento.

Pequeño caracol de la variedad azul de apenas unos días de vida.
Su facilidad para reproducirse trae consigo algunos inconvenientes, como la posibilidad de superpoblar el acuario. Esto puede evitarse evitando la sobre alimentación en el acuario, y en casos extremos eliminando las puestas manualmente o sacando los ejemplares de mayor tamaño que son siempre los más prolíficos. Aunque esta especie no suele formar plaga de una manera tan acusada como por ejemplo las del género Physa.
Si bien en muchas ocasiones estos pequeños carolillos son descartados de nuestros acuarios sin muchos miramientos, llevados quizás por el miedo infundado a que se coman nuestras plantas o bien a que se reproduzcan sin medida alguna; son en gran medida una especie interesante, de fácil mantenimiento y de gran belleza. Ni que decir tiene que cada aficionado tiene diferentes gustos, y donde unos pueden ver una anti estética plaga, otros verán simplemente el desarrollo lógico de esta especie. Yo soy de los segundos, ¿en qué grupo estás tú?
Texto y Fotos: Vicky
Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2007. España

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