Por Sesé y Vanmar.

 

 

Uno de los peces más conocidos y difundidos dentro de nuestros acuarios es el Danio rerio, (Hamilton, 1822), comúnmente nombrado como pez cebra, cebrita o zebra. Este ciprínido de origen asiático, es muy fácil de encontrar en establecimientos especializados y tiene mucha demanda entre los aficionados por su vistosidad, adaptabilidad y comportamiento alegre.

Pero hay otra cualidad, no tan conocida entre los acuaristas, como es su similitud genética con el ser humano. Por este motivo son considerados buenos modelos de laboratorio para el estudio de la biología y las enfermedades humanas. Además, como sus embriones son transparentes, permiten a los equipos de investigación el estudio visual de algunas de ellas en organismos vivos.

Kristina Yu © The Exploratorium, www.exploratorium.edu.

Este sistema sólo presentaba un problema. Al cabo de unas pocas semanas, al alcanzar el estado adulto y desarrollar su coloración natural, los animales se volvían opacos a los investigadores, permitiéndose solo su estudio mediante disección. Para resolverlo, en el marco de un programa de investigación de células madre, un equipo de científicos norteamericanos del Hospital Infantil de Boston, bajo la dirección del doctor Richard White, ha conseguido crear una especie de pez cebra que es transparente a lo largo de toda su vida. Este nuevo modelo animal, cuyas características fueron difundidas por la revista Cell Stem Cell, permitirá a los investigadores observar de forma directa procesos como la metástasis del cáncer o la producción de sangre después de un trasplante de médula espinal.

Los peces cebra tienen tres pigmentos en su piel (reflejante, negro y amarillo). El Dr. White creó al pez traslúcido cruzando un linaje que carece del pigmento reflejante con otro que carece del pigmento negro, llamado nácar. El nuevo espécimen resultante tiene solamente pigmento amarillo en su piel, que lo hace transparente y en el que se ven claramente el cerebro, el corazón y el aparato digestivo, de ahí que haya sido bautizado como Cásper.

Dr. Richard M. White, Children's Hospital Boston

Según los científicos, este pez abre un nuevo frente de investigación médica que rompe con la práctica habitual, donde para estudiar las dolencias del ser humano se inoculaba la enfermedad a un animal y sólo se podía determinar lo ocurrido mediante necropsias. Para muchas enfermedades era un método suficiente, sin embargo, en el cáncer y en otros procesos de rápido desarrollo era muy probable perder algún paso. "Es como tomar una fotografía cuando en realidad lo que se necesita es un vídeo", declaró White.

Para evitar esta falta de información se usaban los embriones debido a su transparencia, permitiendo el estudio visual y continuado de algunas enfermedades. Sin embargo, a medida que se desarrolla, el cuerpo de los peces cebras pierde esa cualidad. "Al cabo de cuatro semanas todo era invisible", manifestó White.

Ya se ha realizado el primer experimento con peces cebra transparentes, donde se ha observado el proceso de propagación de un cáncer, creando un melanoma en la cavidad abdominal. Según el científico, no se sabe cuál es el fenómeno que impulsa a las células cancerígenas a propagarse a otras partes del cuerpo. Al estudiar al pez bajo el microscopio, se comprobó que las células comienzan a invadir el cuerpo a los cinco días en un proceso de metástasis que no se había observado hasta ahora en un organismo vivo. "No ocurre al azar. Saben dónde tienen que ir", indicó White.

Además del estudio de la propagación de células cancerígenas, el pez transparente también podría ayudar a resolver algunos interrogantes que se plantean en los casos de trasplante de células madre que se usan para proporcionar un renovado caudal saludable de sangre a los pacientes de cáncer. Sin embargo, en algunos casos esos trasplantes no dan el resultad esperado por razones que aún se desconocen, dijo White. Añadió que al estudiar la forma en que las células madre participan en la creación de sangre en el pez, se podría encontrar un método para acelerar el proceso en los pacientes de cáncer y también se podrían observar "en vivo" los resultados que pudieran tener los medicamentos y genes administrados para su posterior aplicación en pacientes humanos.

 

Texto: Sesé y Vanmar.

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