Por Vanmar y Sesé.

 

 

 

 

Tendremos que acostumbrarnos a ver a nuestros peces desde otro punto de vista. Si en el número de marzo de Acuario Dr. Pez descubríamos las aportaciones científicas de nuestras alegres "cebritas" en la lucha contra el cáncer, este mes es el conocido "pez elefante" el que nos sorprende formando parte del arsenal de defensa de Israel.

 

"Son dos en cada turno. Veinticuatro horas sin comida y sin poder abandonar su puesto. Sobre sus hombros reside una responsabilidad suprema: la vida de todos nosotros. Porque son ellos los encargados de descubrir si alguien ha intentado envenenar las aguas de Israel".

Así se refería el principal diario israelí, Yediot Aharonot, a uno de los secretos mejor guardados en este país: Mekorot, la compañía estatal que distribuye el agua en toda la nación, recurre desde hace años a una especie de peces soldado para evitar que el preciado líquido sea envenenado. Los peces en cuestión, Gnathonemus petersii (Günther, 1862), comúnmente conocidos como peces elefante, son originarios de África Occidental, donde viven naturalmente en aguas tranquilas, arroyos y lagunas de cauces lentos y turbios, agua oscura y de baja visibilidad con fondo fangoso. Son prácticamente ciegos, la boca está situada a nivel del ojo, y es una sección de la mandíbula inferior la que se extiende en un órgano móvil en forma de apéndice alargado, a modo de trompa, a la que deben su apodo. La longitud de la cabeza alcanza más o menos una cuarta parte del cuerpo.

Estos peces poseen un órgano eléctrico de descarga de baja intensidad, que usan para comunicarse, identificar objetos, peces y otros seres que se encuentran en el agua, lo que es especialmente útil en las aguas fangosas y de reducida visibilidad en las que habitan. También les permite desenvolverse con gran eficacia por la noche, en ausencia total de luz. Está ubicado en la cola del pez (debajo de las rayas amarillentas), y es el responsable de la generación del campo eléctrico y de emitir las descargas. La electricidad es bipolar, y el otro polo está ubicado en la cabeza, donde se ubican los receptores eléctricos que les permiten recibir impulsos y señales eléctricas de otros peces o los suyos propios rebotados. Aunque la cabeza es el principal centro receptor, existen alrededor de 15.000 electro-receptores tuberosos ubicados a lo largo de todo el cuerpo, la mayoría en la zona superior, que le permiten recibir señales.

Existen otros peces eléctricos con corrientes de baja intensidad como los de la familia Sternopygidae (Eigenmannia virescens, Apteronotus albifrons) o Gymnarchidae (Gymnarchus niloticus), pero a diferencia de todos éstos, la corriente emitida por el Gnathonemus petersii está formada por pulsaciones que pueden variar de intensidad y de frecuencia de forma muy rápida. El órgano eléctrico sirve para diversos propósitos: orientación, localización de sus congéneres, ubicar su posición jerárquica en el grupo u obtener pareja. También le permiten una "visión amplificada" de su entorno y, por ejemplo, es habitual que estos peces naden hacia atrás con soltura, sabiendo donde están los objetos que les rodean.

 

Pero los científicos israelíes aprovechan otra cualidad. La piel de esta especie es especialmente sensible a cualquier cambio en la calidad del agua, lo que también le hace enviar señales eléctricas. De esta forma, y como si de un soldado se tratara, su misión es hacer guardias de 24 horas dentro de una pequeña piscina de agua renovable que procede de los principales abastecimientos naturales clave, y desde donde advierte a los científicos de cualquier alteración, tanto en la temperatura como en la composición química del agua. Para ello, los científicos le mantienen aislado y sin alimentación durante toda la guardia de tal forma que ningún agente externo pueda influir en su sistema de detección y aviso y el pez cumpla de forma satisfactoria la vital misión que le han encomendado. Como medida de precaución, realizan las guardias en pareja y al término de las mismas, ambos animales son devueltos al grupo, donde pueden alimentarse y relacionarse con los demás, mientras otros dos congéneres les reemplazan en su tarea.

Las ondas eléctricas de estos vigías son analizadas por computadoras y por los servicios de seguridad. Este pez emite entre cinco y 10 ondas eléctricas por segundo cuando la calidad del agua es correcta, y entre 25 y 45 cuando algo va mal. La señal es registrada por sensores acuáticos conectados a un ordenador. El diario no da a conocer la ubicación del laboratorio pero informa de que su existencia ha sido estos últimos años uno de los mayores secretos de la empresa a cargo de los recursos hídricos.

La presencia de peces en el arsenal israelí no constituye ninguna sorpresa por cuanto sus fuerzas armadas y la policía han recurrido a alistar a todo tipo de animales: desde delfines a llamas de Perú, pasando por los habituales perros.

Si piensas que el hijo de tu vecino es más peligroso que Daniel el travieso, crees que el presidente de tu comunidad de vecinos no te soporta o tu suegra pasa más tiempo de lo debido en la cocina, no lo dudes, usa un pez elefante para comprobar que no te están envenenando el agua.

 

Texto: Sesé y Vanmar.

Fotos: Atlas Dr. Pez.


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