Por Vanmar y Sesé.

 

 

 

 

¿Se puede vivir sin sexo?

La naturaleza es sabia y aunque suene a tópico, el sexo femenino siempre se las ha arreglado para dejar en evidencia al género masculino, y en ocasiones llega hasta el punto de demostrarle que puede reproducirse sin su presencia.

Y es que, dentro de los vertebrados, un aspecto realmente interesante es lo que ocurre cuando se produce la hibridación de dos especies. En estos casos, nos encontramos con todo tipo de resultados, algunos duran sólo una generación, otros dos y están los que, simplemente, se convierten en una "nueva especie". Uno de estos afortunados casos está siendo noticia estos días porque según análisis genéticos obtenidos a partir de complejos modelos matemáticos, se tendrían que haber extinguido hace al menos 70.000 años.

Según los investigadores de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, el Molly Amazónico, Poecilia formosa (Girard, 1859), emplea "trucos" genéticos para evitar la extinción. Esta especie, formada sólo por hembras, está distribuida principalmente en el sur de Estados Unidos, México y algunas zonas de Colombia. Durante años se pensó que estaba amenazada de extinción ya que con la reproducción asexual ocurren cambios perjudiciales en los genes a través de las generaciones.

Poecilia formosa

 

Sin embargo, esta especie de Molly tiene prósperas poblaciones ampliamente distribuidas y sin ninguna muestra de deterioro. Para ello utiliza una técnica de reproducción llamada ginogénesis, también conocida como partenogénesis dependiente de esperma, con la cual los descendientes son "clones" de la madre que no heredan ningún material del ADN del padre. Las especies ginogenéticas, formadas todas ellas exclusivamente por hembras, necesitan de la activación de sus óvulos por la presencia de un macho y al carecer de ellos dentro de su especie, utilizan para aparearse especies cercanas sin usar su esperma, por lo que estos machos no contribuyen con material genético.

Una vez fecundado el óvulo por el esperma del macho, el núcleo masculino es totalmente eliminado y sólo permanece el genoma de la hembra. Los alevines son sexualmente maduros a partir del primer mes y normalmente realizan puestas de entre sesenta y cien alevines cada treinta o cuarenta días.

En su hábitat natural, el Molly Amazónico se aparea con machos de una de las tres o cuatro especies diferentes de su entorno, como pueden ser, Poecilia latipinna, P. mexicana, P. Latipunctata y más ocasionalmente, P. sphenops.

Poecilia mexicana

 

Para descubrir cómo ha logrado sobrevivir tanto tiempo el pez molly, a pesar de las mutaciones genéticas generacionales, los científicos estudiaron complejos modelos matemáticos. Calcularon el tiempo de extinción del pez basándose en modelos actuales de los cambios genéticos ocurridos durante miles de generaciones. Según éstos y en las mejores de las hipótesis posibles, esta especie debería haberse extinguido hace más de 70.000 años.

Según los investigadores, la especie no ha desaparecido gracias a "trucos" genéticos de supervivencia que las han ayudado a mantenerse vivas. La teoría que manejan en la actualidad es que la especie quizás utiliza un poco de ADN de los machos para provocar la reproducción y "renovar" su acervo genético.

Para el doctor Laurence Loewe de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Edimburgo esta particularidad es algo excepcional: "lo que descubrimos es que este pez realmente posee algo especial y cuenta con trucos que lo ayudan a mantenerse vivo". "Quizás lo que ha ayudado a la especie a sobrevivir son las relaciones sexuales ocasionales con extraños" agrega. "Pero vamos a seguir estudiándolos para poder obtener más respuestas".

¿Se puede vivir sin sexo? Si le hiciéramos esta pregunta a un ejemplar de Poecilia Formosa, su respuesta sería que no, pero está claro que no necesita un padre en el sentido genético para poblar su hábitat de pequeños clones de molly.

 

Texto: Sesé y Vanmar.

Fotos: Atlas Dr. Pez.


Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2007. España