Citius, altius, fortius... ¿crudelius?
Los juegos de la XXIX olimpiada han concluido. Ya se fueron las delegaciones de los distintos países y sus participantes han regresado a sus hogares o a continuar con sus trabajos de deportistas profesionales, algunos con la alegría colgada del cuello en forma de medalla, otros marcados por la decepción al comprobar que el trabajo de cuatro años no les ha servido. Todos con la satisfacción de haber participado en el mayor espectáculo deportivo mundial.

Cada nación hace recuento de sus logros, aplaude a sus héroes olímpicos y consuela a los que habiéndolo dado todo, la suerte les ha sido esquiva. Dos héroes de entre los muchos que allí han participado ya tienen hueco propio y eterno en la historia olímpica. Han sido los juegos de Michael Phelp, con sus ocho medallas de oro en natación y de Usain Bolt, que ha eclipsado a los demás atletas en el deporte olímpico por excelencia.
En nuestra retina quedarán imágenes inolvidables, unas gratas, como la espectacularidad y colorido de las ceremonias de apertura y clausura -con pequeñas trampas chinas incluidas- que han añadido un poquito de pimienta a las conversaciones o las pruebas de ciclismo en ruta en torno a la majestuosa Gran Muralla. Otras menos agradables, como el caos en la organización o la permanente nube de contaminación que cubría el cielo de Pekín o Beijing, como cada uno prefiera denominar a la milenaria ciudad china.
Pero entre impecables instalaciones como el Nido y el Cubo, simpáticas y coloridas mascotas -cinco nada menos- y la amabilidad y sonrisas del pueblo chino, una imagen nos ha sacudido a todos los que amamos a los animales o simplemente tenemos un mínimo de sensibilidad.

The Royal Society for the Prevention of Cruelty of Animals, RSPCA, con sede en Londres, fue quien denunció, poco antes del comienzo de los juegos, que comerciantes portuarios de Qingdao, ciudad donde se celebrarían las pruebas de vela, estaban vendiendo como merchandaising no autorizado de los juegos, llaveros de los que cuelgan bolsas de plástico con forma de corazón y que contenían pequeños carasius en su interior.
El alegre dibujo de una de las cinco mascotas -un chico llamado Huanhuan y que representa la llama olímpica- está impreso en el frontal de la bolsa que contiene el pez. El diminuto recipiente está herméticamente sellado, no ofrece espacio para nadar y tiene una mínima reserva de aire en su interior.
El portavoz de la RSPCA dijo: "El pez apenas dispone de oxígeno y es imposible su alimentación. Sobrevivirá sólo unas pocas horas y será afortunado si consigue, incluso, llegar vivo desde el taller hasta el punto de venta".
"Este producto muestra una sobrecogedora falta de respeto por los seres vivos y debería prohibirse su venta", añadió. "No entendemos como alguien podría estar interesado en comprar algo así".
Los juegos siempre han buscado desafiar los límites del ser humano. Citius, altius, fortius -más rápido, más alto, más fuerte- es uno de sus lemas al que aspiramos todos. Sin embargo, algunos parece que han buscado comerciar con los aspectos más negativos del ser humano y ofrecer artículos cada vez más crueles.
Y una reflexión que nos preocupa mucho más que la venta de estos horribles llaveros. ¿Hubo alguien a quien le pareció buena idea y los compró?

Texto: Sesé y Vanmar.
Dr. Pez © Jesús Salas y Carlos Garrido, 1997-2007. España

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